Serás indestructible, si nadie conoce tu nombre


A Ra le gustaba desaparecer, pero siempre volvía, llamaba a la puerta como si acabara de irse y pedía asilo político, y en realidad parecía que acabara de irse. El pelo algo más largo, algunas horas más de gimnasio y ropa diferente, según la estación…

Mundos paralelos


Da igual si alguien te espera en casa, ahora no tienes que dar explicaciones ni pedirlas, solo tienes que ser tú, en este mundo paralelo que solo existe cuando estás en él.

Daños colaterales


… Supongo que fue ese verano cuando comencé a pensar que Reveca era la mujer de la que no tenía que preocuparme, todo era muy sencillo con ella, todo diversión, ningún compromiso, ninguna mala cara, ningún grito al llegar a casa, solo unas cervezas y una historia inventada que parecía ir muy bien. Pero supongo que las historias de ficción, el quiero estar contigo, pero no puedo, es más, ni siquiera te lo digo, son para las canciones de rock y para las películas, aunque a veces tampoco funcionan en ninguna de las dos. Pero en la vida real, en la realidad real de cada uno, no lo hacen. En la vida real hay que tomar decisiones, tienes que decirle a la otra persona lo que sientes, no hay letra, ni guión, que seguir para saber qué decir y qué sentir en cada momento. Pero es lo que tenemos las estrellas del rock, que lo nuestro, lo mío, es escribir canciones, y en ellas todo funciona si yo quiero que funcione…

Siempre es el último día de verano


J. D., teñido de rubio, se pasea por una playa californiana; un gato trae a un antiguo amigo y una barbie, también rubia, pregunta si están bien, si son felices. «Estamos bien», contesa J. D., justo antes de besar a la barbie, que ha empezado a sangrar por la nariz; después saluda a su amigo, y al gato, con un abrazo.

Barcos


Cuando llovía en mi barrio, mi hermano y yo, y los demás chicos, soltábamos barcos de papel en el riachuelo que se forma siempre en mi calle, junto al bordillo.

Algunos se hundían de inmediato. Otros lo hacían poco a poco e iban directos al remolino que había junto a la alcantarilla, que los tragaba. Y otros, conseguían esquivarlo para hundirse unos metros después.

Una vez, uno de nuestros barcos navegó rápido, muy rápido, esquivó el remolino y sobrepasó la alcantarilla y continuó navegando sin detenerse. Todos corríamos tras él y gritábamos, animándole a continuar y el barco navegaba y navegaba, hasta que chocó con un montón de basura y se hundió.

Volvimos a casa excitados, comentábamos el gran suceso.

Fuera seguía lloviendo.

 

Mil ochenta


Me sueñas como geisha mientras yo me sueño como gata. Una gata que recorre mil ochenta tejados en la misma noche, que se siente libre y entra por mil ochenta ventanas, visita mil ochenta camas diferentes y vuelve a casa de madrugada, hambrienta y cansada, porque necesita el calor de su dueño en su cama. Una gata que deja a mil ochenta gatos que merodean en el tejado de un restaurante japonés, donde tú me sueñas como geisha, rodeada de mil ochenta quimonos rojos y mil ochenta motas de purpurina en la cara.

Space Odity


La morena difuminada siente el movimiento de la tierra mientras un ovni azul se posa en el Mediterráneo, en la realidad del sol, saca los problemas de su vista, porque así parecen menos problemas, y le gustaría escuchar Space Odity, trasladarse a la realidad de la nieve y hablar, aunque fuera en alemán, con el chico rubio con el que compartía un capuchino frente a una planta de basílico, pero no puede, el chico rubio de entonces ya no existe, se quedó en algún aeropuerto, puede que en el de Amsterdam, o en el restaurante vietnamita de Berlín, en la discoteca-barco de Estocolmo o en alguno de los ángeles que dibujaba en la nieve; tal vez esté con la carta de El Mago que se perdió durante una aurora boreal, y siga recorriendo el mundo, con la morena difuminada de entonces.