El principio

Al menos, uno de ellos.

Termina de vaciarse los bolsillos, alarga las manos hacia el espejo y deja caer medio botón, el anillo que intentó colocar en su dedo meñique, los ojos negros que le miran desde una foto que amarillea, unas pelusas pegadas a un caramelo de menta y un número de teléfono arrugado en un papel. Da media vuelta y deja en el espejo su imagen, que le mira alejarse, y sonríe, porque en uno de sus bolsillos hay una canica con un universo azul.

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