Barcos

Cuando llovía en mi barrio, mi hermano y yo, y los demás chicos, soltábamos barcos de papel en el riachuelo que se forma siempre en mi calle, junto al bordillo.

Algunos se hundían de inmediato. Otros lo hacían poco a poco e iban directos al remolino que había junto a la alcantarilla, que los tragaba. Y otros, conseguían esquivarlo para hundirse unos metros después.

Una vez, uno de nuestros barcos navegó rápido, muy rápido, esquivó el remolino y sobrepasó la alcantarilla y continuó navegando sin detenerse. Todos corríamos tras él y gritábamos, animándole a continuar y el barco navegaba y navegaba, hasta que chocó con un montón de basura y se hundió.

Volvimos a casa excitados, comentábamos el gran suceso.

Fuera seguía lloviendo.

 

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