Recién usada


Es italiana, pensé cuando la vi salir del portal, con desconchones y manchas de humedad, que había en el callejón, mostrándome los pechos a través de la blusa abierta. Caminó unos pasos empujando las caderas desafiante, primero la izquierda, luego la derecha, con los pies descalzos. Y se apoyó en la pared, mirándome, la cabeza hacia atrás, los ojos entrecerrados, el desafío de otro semen resbalando por su barbilla, y las manos en las caderas.

Tiene que ser italiana, la otra cara de una auténtica madonna de enormes pezones y pechos caídos de tanto amamantar. Los tatuajes de sus brazos me hicieron pensar en campos de exterminio, y su cara en mi póster de Sofía Loren. Tuve una erección, pero lo único que necesitaba era fotografiarla, para colocarla junto al póster.

Seguía mirándome. Me acerqué y le tendí unos billetes. Hizo el gesto de limpiarse la barbilla pero no la dejé, la quería así, recién usada, con los pechos caídos y su corazón colgando entre ellos.

Ya no vuelves


Y no pensó en ello cuando se lo dijo, ni al día siguiente ni en el fin de semana, cuando todo lo que quería hacer era mirar las nubes; ahora son un hombre sin cabeza y ahora un barco pirata y ahora una estrella y un águila y un ornitorrinco y otra vez el hombre sin cabeza, y tampoco pensó en ello el lunes de camino a la oficina. Ni durante el resto de la semana.

Y no pensó en ello para no notar su ausencia. Y no quiso llorar para no tener que consolarse. Solo repetía: «Siempre vuelves. Siempre vuelves. Pero ya no vuelves». Y para que volviera quiso regalarle un cuento y decirle que era con él con quien quería ver el fin del mundo, pero ya era tarde. Y entonces fue cuando lloró para tener que consolarse y no pensar que ya no habría más noches, ni resacas ni discusiones ni reencuentros. Solo un barco pirata y una estrella y un águila y un ornitorrinco y otra vez el hombre sin cabeza.

Dragones rubios


… Unas letras tatuadas en una pierna me llevan a un dragón rubio tatuado en otra, en la realidad de la lluvia, en la que todo el mundo parece tener pareja: unos por ser demasiado jóvenes, otros por ser demasiado feos, otros por demasiado viejos, poco exigentes, ciegos, extranjeros, religiosos, albinos, desesperados, putas, calvos, negros, cojos, asesinos en serie… Por tener un dragón tatuado bajo la lluvia. Por fregar las escaleras de la iglesia con lejía, con tacones, flores y un carro, de esos para ir al súper, de cuadros escoceses…

Reveca

En un avión de Virgin


Despegamos puntuales desde la Terminal 4. Hace frío en este avión. Él me abraza y apoya su cabeza en mi pecho. Intenta dormir. Yo no lo intento, solo puedo pensar en que este es uno de esos momentos que tengo que escribir.

Círculos


—¿Tocas la guitarra?

Él se aparta el pelo de la cara y contesta que lo intenta mientras acaricia un dragón en la espalda de ella. El sol, que se cuela por las rendijas de la persiana, ilumina los colores perfectos de los círculos pegados en la pared.

Ella le da la espalda a la guitarra y el dragón mueve la cola, algo inquieto, porque no reconoce la música que dibuja los círculos de la pared.

Reveca

Sin título


la tierra negra
cansada de la lucha
vomita agua

El último día


De repente te levantas y ese día es el último. El último que te montas en ese autobús o en esa línea de metro, el último día que compras en ese súper. O el último que hablas con esa persona. Pero no lo sabes hasta que ocurre.