Ya no vuelves

Y no pensó en ello cuando se lo dijo, ni al día siguiente ni en el fin de semana, cuando todo lo que quería hacer era mirar las nubes; ahora son un hombre sin cabeza y ahora un barco pirata y ahora una estrella y un águila y un ornitorrinco y otra vez el hombre sin cabeza, y tampoco pensó en ello el lunes de camino a la oficina. Ni durante el resto de la semana.

Y no pensó en ello para no notar su ausencia. Y no quiso llorar para no tener que consolarse. Solo repetía: «Siempre vuelves. Siempre vuelves. Pero ya no vuelves». Y para que volviera quiso regalarle un cuento y decirle que era con él con quien quería ver el fin del mundo, pero ya era tarde. Y entonces fue cuando lloró para tener que consolarse y no pensar que ya no habría más noches, ni resacas ni discusiones ni reencuentros. Solo un barco pirata y una estrella y un águila y un ornitorrinco y otra vez el hombre sin cabeza.

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