Cuando no estoy contigo no existo


Desde hace una semana, Enrique recorre la ciudad, busca a María, y acude, puntual, a su cita diaria en el River Café, con la esperanza de encontrarla allí. Hoy, el camarero le entrega una carta. Va dirigida al hombre que se sienta cada día en la mesa número 9. La abre, sabe que es de María. Saca una cuartilla doblada a la mitad, con una sola frase: «Cuando no estoy contigo, no existo.»

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Cuando no estás conmigo no existes


«Cuando no estás conmigo, no existes», le dice María cuando se conocen. Desde entonces, hace ya un mes, se han encontrado en el River Café cada día, en la misma mesa, la número 9, la que tiene las mejores vistas de Manhattan.

Un juego de chicos


Todos duermen la siesta excepto el hombre que fuma puros y la mujer de la cámara de fotos. Y yo, que observo y escribo lo que me sugieren las gentes y las cosas. Un perro enorme toma el sol tumbado en la plaza. A ratos pasea, perezoso, bajo los soportales. La mañana amaneció con lluvia. Es un mastín. Dos adolescentes discuten con su padre. Su madre no habla. Están aburridos de no hacer nada en este pueblo y quieren regresar. Tres chicos juegan a un fútbol raro y mantienen al margen a una chica que quiere jugar. Sigue siendo un juego de chicos. Janis Joplin me canta al oído mientras dos niños, niño y niña, juegan a mi lado y me miran…

Pecas


… Lo que Mario no ve, cuando se vuelve para buscar el periódico, es a la mujer de pelo rojo, ojos ámbar y un montón de pecas, que está junto a la puerta de la cafetería, y que mira como Mario se aleja con la pelirroja a la que, hace menos de una hora, ha pagado cincuenta euros.

La niña que no puede dejar de pensar


La niña que no puede dejar de pensar piensa tanto que no deja espacio para nadie más, solo hay espacio para lo que piensa.

Supercoco


… La morena difuminada se olvida de hacer una llamada mientras una estrella de cinco puntas brilla sobre Amsterdam, en la realidad de la lluvia, y un gitano vestido de supercoco no consigue llegar a la final en un festival de música. «Feliz no cumpleaños», susurra la buena chica, en un vagón de metro, al chico moreno que dibuja en un cuaderno de bocetos y que llega tarde…

Instrucciones (y IV)


Veinte gotas de lluvia y un mensaje en la nevera, para que me perdones. Una taza de sopa por si duele. Un zapato de tacón y una película de cine negro para cuando no estoy. Y tres lágrimas para no olvidarte.