Pies fríos

Veo una película en la que reconozco una casa y un paseo cubierto de nieve, una película en la que, incluso, puedo entrever una aurora boreal, que pasa del azul al morado sin que apenas me dé cuenta y, a partir de ahí, del morado, el cielo parece a punto de partirse en dos. El morado huele a planta de basílico que espera en alguna de las realidades, porque después del morado llega el verde. Y algo de amarillo, allí, al fondo, y rojo, mucho rojo. El cielo se rompe en negro y rojo, aunque ahora el rojo es algo naranja y el negro se podría confundir con el azul. Otra vez. Y después del azul, los pies fríos, la huella de un ángel rubio en la nieve, caminar abrazados de regreso a casa y juntar las camas porque hoy no queremos dormir solos.

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