Lugares (IV)


El restaurante tailandés, en la realidad de la nieve, donde tienen ese curry rojo tan picante, el más picante que han probado nunca.

¿Me vendes tu alma?


—¿Y tú? —le pregunté—, ¿a cambio de qué venderías tu alma?

Lola me miró con el cigarrillo entre los dedos, sus labios se curvaron en una sonrisa.

—A cambio de la inmortalidad —y Lola bebió de su té, que imagino también frío, mientras yo deseaba haber pedido su alma a cambio de la mía.

Pasteles de barro


Hormigas con alas y vuelvo a estar en el parque amasando pasteles de barro, después de una tormenta en las tardes de verano…

Te regalo una pared


El chico moreno, que dibuja dragones en un cuaderno de bocetos, hace mucho que no dibuja, porque la morena difuminada, la buena chica, ya no se sienta a su lado en el metro con la mirada perdida en alguna de sus realidades, porque, en realidad, la buena chica hace mucho tiempo que decidió quedarse en la realidad de la nieve; el chico rubio le ha regalado una pared y ahora es ella la que dibuja dragones, rubios también, a veces.

Lugares (III)


La mesa junto a la planta de basílico, en aquella cafetería de la realidad de la lluvia…

Lugares (II)


La salida de metro en la que él siempre esperaba, aparcado en el semáforo, porque ella siempre llegaba tarde…

Lugares (I)


La entrada de ese centro comercial en la que hablaron más de una hora; qué cercana parecía su voz al otro lado del móvil…