Lugares (V) El pasar de las estaciones


Aquella primera cena, en la realidad real, en la del sol, en la que vimos pasar las estaciones. Entre ribeiro y orujo de miel, me asomaba a la ventana que estaba más cerca de nuestra mesa y veía pasar las estaciones. Y en las pausas de la conversación también, aunque entonces era él el que se asomaba a verlas pasar. Habíamos comenzado a cenar a principios de la primavera y pasaron dos primaveras y un verano más hasta que el restaurante apagó sus luces y tuvimos que irnos.