Abandonos

Estoy tentada de abandonar la pila usada a su suerte: en una papelera, clavada en la tierra junto a un árbol, en el parque, en uno de los columpios o, tal vez, dentro de un camión de juguete que alguien también ha abandonado allí. Abandonarla porque me importa una mierda el planeta, porque me recuerda a la novia de mi primer novio, la que recogía pilas usadas por la universidad y que consiguió que me dejara por ella, aunque, bueno, yo ya tenía un amante para cuando me dejó. Así que no abandono la pila usada a su suerte, la guardo en mi bolso y entro en el metro, mientras pienso en si los hijos de mi primer novio y de mi amante también abandonarán camiones de juguete junto a los columpios.

One thought on “Abandonos

  1. Las pilas usadas son como fetiches de una energía gastada que olvidamos o no queremos tirar. Viajan con nosotros en los bolsillos sin saber lo que fueron alguna vez. Lo mejor, olvidarlas en un cajón junto a pilas cargadas, para no poder distinguirlas y hacernos imaginar que el azar las eligió de nuevo un instante. Como a los viejos amantes, adoro las pilas usadas porque en su vacío está el recuerdo de un goce.

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