Lugares (VI)


«Podría darte mi número y pedirte que me llamaras ―me dice antes de bajarse del coche―, pero no soy de esas». Y se baja del coche y entra en el portal, sin volverse a mirar.

Paisajes imposibles (II)


CIMG0953Alguien me mira en el anden y yo también le miro; aunque puede que yo le haya mirado primero y por eso él me mire ahora. Dentro del vagón, leo el correo en el móvil mientras seguimos mirándonos de reojo y, a veces, no tan de reojo porque me permito mirarlo de frente, entre mensaje y mensaje; las estaciones se hacen eternas. Todo parecía mucho más fácil en la adolescencia, la misma que sigue en una caja de zapatos en el armario de mi habitación,  en casa de mis padres. Se baja una estación antes que yo y nos miramos sin tapujos, durante ese momento, que hoy parece eterno, entre el anuncio de la siguiente estación y la llegada al andén. Nos miramos a los ojos, por primera vez, y nos sonreímos. Las puertas del tren se abren, sale, las puertas se cierran, y me mira desde el andén mientras el tren se aleja.

Capacidad de síntesis


Foto de la entrada

… Y Teresa imagina a José, yendo a trabajar con traje, pero con zapatillas John Smith iguales a las que llevaba la primera vez que lo vio, con la etiqueta puesta, para que todo el mundo sepa que son nuevas, y montando en bici por el pasillo de su casa londinense, en una bici a la que ha puesto una cesta trasportín en la que piensa colocar a su hijo.