La mejor

G18 Zeon lomo

 

Cuando le conocí tenía el pelo largo, liso y castaño como sus ojos, grandes y de largas pestañas, un tatuaje, un piercing y cara de lobo, como a mí me gustan. De andar balanceante y mirada caída. Se consideraba el chico malo del barrio, apasionado por las motos, solo por una, la suya. La mejor. Siempre en moto a todas partes, en aquella moto roja, siempre brillante y que parecía desafiar a todo cuando pasaba por el mismo lugar una y otra vez. Ese lugar. Rojo, como su moto.

Apasionado por los perros, solo por uno, Luca. El mejor. Por sus amigos, solo por Ángel. El mejor, esté donde esté.

Siempre piensa en Ángel cuando va en moto, siempre piensa en Ángel cuando pasa una y otra vez por ese lugar. Siempre se atormenta porque no lo pudo salvar. Siempre está su imagen rota cuando cierra los ojos. Siempre en ese lugar.

Y apasionado por una chica, solo por una, la suya, la única, la mejor. Nueve de abril, un buen día para hacer el amor, ¿un buen día para morir? Desde su habitación, ve el lugar por el que pasa una y otra vez con la moto. Ese lugar. Esa maldita curva donde Ángel y él siempre competían. Aquella curva. Desde su habitación. Cuando está con ella, con su chica, con la mejor, parece que el dolor y la culpa se encogen, se arrugan, se adormecen. Puede hablarle de Ángel como si aún estuviera vivo. Puede hablarle de lo ocurrido como si no hubiera ocurrido y solo fuera un mal sueño. Un mal sueño. Cuando se despierta junto a ella, la mejor, durante un instante, siente que no ha ocurrido, que Ángel se está despertando también, un par de manzanas más abajo, que puede venir a buscarle en cualquier momento, que saldrán otra vez, juntos, en moto. Pero enseguida se desvanece esa sensación y la verdad le golpea y le devuelve a la realidad.

En esos momentos, solo le quedan las pastillas, la coca, cualquier cosa que le haga repetir ese instante hasta convertirlo en eterno. Ya no hay dolor, ni culpa, se desvanecen en medio de esa nube. Desaparecen. Y sin apenas darse cuenta, ella, su chica, la mejor, también desaparece. No importa, no la necesita, las tiene a ellas y nunca le abandonarán. Ni aquella curva, aquella maldita curva donde siempre competían y por la que hoy vuelve a pasar, esa curva que hoy se vuelve roja de nuevo y se confunde con la moto, que ya no es tan brillante ni parece desafiar a nadie.

Nueve de abril, después de todo puede que sí sea un buen día para morir. Porque no pudo salvar a Ángel, al mejor, igual que ella, su chica, la mejor, no le ha podido salvar a él. Y ahora ella es la que pasea a Luca por esa curva, ahora es ella la que se atormenta y la que ve su imagen rota cuando cierra los ojos, la que decidió huir cuando intentó compartir con ella todas las cosas, las grandes cosas y también las otras. Porque sintió deseos de correr cuando él dijo te quiero y lo hizo. Una chica, su chica, la única, la mejor.

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