Paisajes imposibles (II)


CIMG0953Alguien me mira en el anden y yo también le miro; aunque puede que yo le haya mirado primero y por eso él me mire ahora. Dentro del vagón, leo el correo en el móvil mientras seguimos mirándonos de reojo y, a veces, no tan de reojo porque me permito mirarlo de frente, entre mensaje y mensaje; las estaciones se hacen eternas. Todo parecía mucho más fácil en la adolescencia, la misma que sigue en una caja de zapatos en el armario de mi habitación,  en casa de mis padres. Se baja una estación antes que yo y nos miramos sin tapujos, durante ese momento, que hoy parece eterno, entre el anuncio de la siguiente estación y la llegada al andén. Nos miramos a los ojos, por primera vez, y nos sonreímos. Las puertas del tren se abren, sale, las puertas se cierran, y me mira desde el andén mientras el tren se aleja.

Pico rojo (II)


Se sienta en el suelo con las piernas cruzadas, frente a una lápida, coloca encima de esta las cuatro rosas, la foto y una botella de Four Roses y dos vasos que saca de la mochila. Los llena y, tras hacer un gesto de brindis, se bebe uno y vierte el contenido del otro sobre la lápida. Mientras, el pájaro que parecía un cuervo se ha posado en la lápida, la mujer del vestido color verano, mira su pico rojo y ya no necesita pintarse una sonrisa cereza en su boca.

Extraña japonesa de pelo azul (1)


De Fulgen García.

Cabo de Palos


Cabo de Palos


Cabo de PalosAhora, mientras el tren para en Cieza, su compañero de asiento lee el periódico, Katy Perry canta In another life i will be your girl y las nubes, blancas y rosas, amenazan con salirse de la bolsa, ella mira por la ventana y piensa en los pastelitos de carne, la pizza de Delia, el zarangollo, los michirones, las marineras y los paparajotes; copón, que hambre. Su compañero de asiento intenta entablar una conversación, por tercera vez, y ella lo ve mover los labios, como si fuera una película de cine mudo. Unos kilómetros más allá, o puede que más acá, un miniyo intenta salir de la tripa del tipo Ful y agarrar el tupper con los restos del arroz de ayer. Ella ha soñado con pecios, capitanes italianos, que abandonan sus barcos con la caja fuerte bajo el brazo, y con fantasmas blancos, que demonios; muchos kilómetros más al norte, las ranas comienzan a aparecer en las piscinas, la nieve desaparece de los jardines, hoy ha salido el sol, y una chica hace yoga. El Sábado Santo el tren solo para en Albacete y hay un descapotable negro, con una rubia esposada al volante, que la espera en la puerta de la estación. Dicen que estas muerta, dice Loquillo desde el anden de Calasparra, sí, nena, la ciudad es tan grande, pero tu amor tan pequeño… El pecio del Sirio se convierte, poco a poco, en arrecife, una morena enseña los dientes a la cámara, en un intento de sonrisa, y el farero de Cabo de Palos guiña un ojo al tiempo que apaga y enciende la luz una, dos y tres veces. Tocado, ahora guiña y sonríe, como la morena; y hundido. Hay un queso con sorpresa en la tabla, dice el quesero a un grupo de nueve que observan la lágrima de un vino tinto; huele a madera y a clavo; que tendrá la Zarzamora, que tendrá, un conejo de ocho kilos, ¿o tal vez llore por ese chico calvo que canta? La gominola es por si alguno de los quesos no te gusta; el tipo Ful piensa que por que no harán catas de jamón ibérico, copón, y come almendras y el queso rojo con aroma a pesto parece que lo mira, no le quita ojo, desde el plato de esa chica tan alta con la que juega los viernes, justo en el anden de Hellin. Alguien golpea en la puerta del químico al grito de Sheldon, y a Sheldon se le corta el chorro, copón, estos baños deberían tener una luz, ¿verdad? Un café al pasar por Albacete. La invasión intergalactica arcade de los años 80 en Japón,  www.drewdog.com, Tokyo, es una cerveza oscura, de capa negra, capa de Batman, aroma intenso, espuma marrón y que sabe a café, regaliz, coñac y sangre; ¿sabes contar?, pues no cuentes conmigo; la Orval, en cambio, es ámbar y sabe a estalactita. El desfile del Orgullo pan8 ha salido sin ellos este año, lo ven en la televisión, mucho más tarde, con arena de playa entre los dedos de los pies, tras imaginar homínidos en las cuevas porosas junto al paseo marítimo; esa piedra es del castillo, o de la muralla, que más da si va para la fabrica; el sol desaparece, justo después de Albacete, como entonces, y ella come bichos sin azúcar de la fabrica de Fully Wonka. Devoramos como si no nos esperase un mañana, escribe Carver, y ella, al leerlo, piensa que seguro que era murciano 🙂

(Para los reyes…)

Pico rojo (I)


La mujer del vestido color verano camina por la Avenida de Felipe II, se detiene un momento en la parada del autobús que va al cementerio, y camina de nuevo: pie derecho rodeado por dos tiras de cuero sobre baldosa moteada de excremento de paloma, pie izquierdo y otras dos tiras. Hoy ha cambiado sus vaqueros y camiseta por un vestido, sin mangas y escote en uve, color verano, sus botas por sandalias, el bolso por una mochila de cuero, se ha quitado la coleta y se ha pintado una sonrisa de cereza en la boca. Cuatro niños y tres niñas corren y gritan por la avenida, las niñas persiguen a los niños, les alcanzan y ríen, ahora ellos son los que persiguen. Un pájaro, que parece un cuervo, revolotea entre ellos.

El pacto


Al diablo, por si le puede interesar, se ofrece sexo a cambio de juventud eterna. Y es que el diablo está harto de que siempre le ofrezcan almas.

El año del Dragón


Alguien brinda por el año del Dragón, la sombra de un gato me roza la espalda, se escabulle entre una campanada y otra, persigue los fuegos artificiales que, a veces, se cuelan por la ventana; los globos rosas y blancos explotan antes que los rojos y los azules y, por un momento, es como si estuviera en una fiesta parecida, ¿habrá una rana en el baño? No, se la ha comido la sombra del gato.