Lugares (IV)


El restaurante tailandés, en la realidad de la nieve, donde tienen ese curry rojo tan picante, el más picante que han probado nunca.

Te regalo una pared


El chico moreno, que dibuja dragones en un cuaderno de bocetos, hace mucho que no dibuja, porque la morena difuminada, la buena chica, ya no se sienta a su lado en el metro con la mirada perdida en alguna de sus realidades, porque, en realidad, la buena chica hace mucho tiempo que decidió quedarse en la realidad de la nieve; el chico rubio le ha regalado una pared y ahora es ella la que dibuja dragones, rubios también, a veces.

Pies fríos


Veo una película en la que reconozco una casa y un paseo cubierto de nieve, una película en la que, incluso, puedo entrever una aurora boreal, que pasa del azul al morado sin que apenas me dé cuenta y, a partir de ahí, del morado, el cielo parece a punto de partirse en dos. El morado huele a planta de basílico que espera en alguna de las realidades, porque después del morado llega el verde. Y algo de amarillo, allí, al fondo, y rojo, mucho rojo. El cielo se rompe en negro y rojo, aunque ahora el rojo es algo naranja y el negro se podría confundir con el azul. Otra vez. Y después del azul, los pies fríos, la huella de un ángel rubio en la nieve, caminar abrazados de regreso a casa y juntar las camas porque hoy no queremos dormir solos.