Relatos con banda sonora


http://www.cadenaser.com/cultura/audios/relatos-banda-sonora-hoy-hoy-22-2012/csrcsrpor/20120822csrcsrcul_2/Aes/

El año del Dragón


Alguien brinda por el año del Dragón, la sombra de un gato me roza la espalda, se escabulle entre una campanada y otra, persigue los fuegos artificiales que, a veces, se cuelan por la ventana; los globos rosas y blancos explotan antes que los rojos y los azules y, por un momento, es como si estuviera en una fiesta parecida, ¿habrá una rana en el baño? No, se la ha comido la sombra del gato.

El pasillo que hace de portal


Se despide con un cuidate, después del último beso, mientras intento que Marte no se escape y lo veo alejarse por el pasillo que hace de portal. Y Reveca, o yo, o ambas, se despide con un tú también, mientras lo ve alejarse por el pasillo que hace de portal e intenta que Marte no se escape.

Si no existo


Si no existo tal vez es porque no estás; porque no estoy, no escribo, no pinto, ni leo ni hago música, no salgo, no respondo al teléfono ni al email, porque no existo. Me encierro en casa y me protejo con la manta y el gato, en el sofá, en la cama, en la casa del árbol, en el baño o en el armario, debajo de la escalera. Quiero desparecer, porque no existo, apago el portátil, el móvil, desconecto el fijo. No existo porque no estoy. Porque no estás. Tal vez.

Calabazas


… Mi móvil vibra de nuevo. Los niños han dejado de perseguir sombras, porque ya es un poco tarde, pero solo para ellos. Aunque puede que también para mí. Ya son más de las doce y media y no quiero mirarme en el espejo por si ya me he convertido en calabaza. ¿La carroza aún me espera en el Burguer de Antón Martín? De nuevo alguien me cuela en el baño y me escabullo hacia la entrada, atravieso la fiesta del pasillo interminable, sin despedirme, y prendo la luz de la escalera antes de volver a hacer crujir la madera de los escalones. Cuidado no pierdas el zapato de cristal. No hay problema, llevo botas, así que corro hacia la carroza. Me miro en el escaparate de una tienda de pelucas: sigo siendo yo, pero la carroza se ha convertido en una Kangoo blanca con publicidad de una tienda de alfombras persas.

Siempre es el último día de verano


J. D., teñido de rubio, se pasea por una playa californiana; un gato trae a un antiguo amigo y una barbie, también rubia, pregunta si están bien, si son felices. «Estamos bien», contesa J. D., justo antes de besar a la barbie, que ha empezado a sangrar por la nariz; después saluda a su amigo, y al gato, con un abrazo.

Mil ochenta


Me sueñas como geisha mientras yo me sueño como gata. Una gata que recorre mil ochenta tejados en la misma noche, que se siente libre y entra por mil ochenta ventanas, visita mil ochenta camas diferentes y vuelve a casa de madrugada, hambrienta y cansada, porque necesita el calor de su dueño en su cama. Una gata que deja a mil ochenta gatos que merodean en el tejado de un restaurante japonés, donde tú me sueñas como geisha, rodeada de mil ochenta quimonos rojos y mil ochenta motas de purpurina en la cara.