Impenitente


Jan-svankmajer

Impenitente

nos alcanzó la lluvia.

No resistimos.

(Viernes creativo: El bic naranja

Ilustración de Jan Svankmajer)

Sin volverme a mirar


OjoNada falla en el amanecer, todo es perfecto:  las nubes se desgarran en diferentes colores y el cielo pasa del negro al azul, primero, un azul en el que poco a poco predomina el naranja, hasta que el naranja lo envuelve todo y el azul se aclara y ya está. Aunque antes de bajarme del coche me diga que podría darme su número, pero yo no soy de esas, no va a pedirme que llame. Si un cuervo con el pico rojo me mira de reojo mientras decido si  abandonar una pila usada a su suerte: en una papelera, clavada en la tierra junto a un árbol, en el parque, en uno de los columpios o, tal vez, dentro de un camión de juguete que alguien también ha abandonado allí; Janis Joplin insiste en susurrarme al oído que cambiaría todos sus mañanas por un solo ayer, mientras llueve y los últimos días del verano, se alargan, se escabullen, se esconden y consiguen quedarse hasta el siguiente verano; y me encuentro con mi adolescencia dentro de una caja de zapatos, donde todo era más fácil cuando alguien me mira en un vagón de metro y yo también le miro, sin saber muy bien quién ha mirado primero, mientras, el hombre al que le falta una pierna recorre el vagón y nadie le mira. Y tal vez el que me mira es el mismo que monta en bici por el pasillo de su casa londinense, con zapatillas John Smith con la etiqueta puesta, para que todo el mundo sepa que son nuevas. No, el amanecer nunca falla, aunque me baje del coche y entre en el portal, sin volverme a mirar.

Hasta el siguiente verano


20130303_130808Fuera nos esperaban los últimos días del verano, esos que se alargan, se escabullen, se esconden y consiguen quedarse hasta el siguiente verano; esos días, como cada año, no quieren irse, y se aferran a los trenes, a las sillas de esa terraza del paseo marítimo, a la planta cuarenta y dos de la torre Espacio, a la barandilla de la piscina, al lago del Palacio de Cristal. Ayer, cuando empezó a llover, encontré a uno agarrado a uno de mis rizos, mientras otro se escurría dentro de una de mis botas, le noté acurrucarse en el calcetín, junto al dedo meñique del pie derecho, a esperar a que llegue de nuevo el verano.

Todos mis ayeres


20130413_133809Llueve cuando voy a buscar al chico rubio a la salida de su clase de alemán y Janis Joplin me dice al oído que cambiaría todos sus mañanas por un solo ayer. La lluvia limpia todos mis ayeres y algún que otro de mis mañanas de camino a la universidad. Es mayo, aunque llueva, así que me mojo mientras le digo a Janis que yo nunca cambiaré mis mañanas por un solo ayer. Ni por muchos ayeres. Nunca.

Pasteles de barro


Hormigas con alas y vuelvo a estar en el parque amasando pasteles de barro, después de una tormenta en las tardes de verano…

Lugares (III)


La mesa junto a la planta de basílico, en aquella cafetería de la realidad de la lluvia…

Un juego de chicos


Todos duermen la siesta excepto el hombre que fuma puros y la mujer de la cámara de fotos. Y yo, que observo y escribo lo que me sugieren las gentes y las cosas. Un perro enorme toma el sol tumbado en la plaza. A ratos pasea, perezoso, bajo los soportales. La mañana amaneció con lluvia. Es un mastín. Dos adolescentes discuten con su padre. Su madre no habla. Están aburridos de no hacer nada en este pueblo y quieren regresar. Tres chicos juegan a un fútbol raro y mantienen al margen a una chica que quiere jugar. Sigue siendo un juego de chicos. Janis Joplin me canta al oído mientras dos niños, niño y niña, juegan a mi lado y me miran…