Huellas


Hay un momento, cuando caminas por la playa, junto a la orilla, justo ahí donde tus pisadas se marcan en la arena durante unos segundos, hasta que llega la siguiente ola, en el que te das cuenta de que ya has pasado por allí; es otra playa, otro verano, pero es como si fuera la misma arena, y las mismas huellas.

Coincide con el instante en el que puedes volver a escuchar esa canción. Después de tanto tiempo de pasar a la siguiente, con rapidez, cuando suena en el iPod, o de salir a fumar cuando la ponen en un bar; la escuchas y nada, no ocurre nada fuera de lo normal; la cantas, incluso; sonríes, y piensas en la primera vez que la escuchaste, en por qué te gusta, a quién te recuerda, y resulta que la primera vez no fue en aquella playa del sur, fue mucho antes.

Y te das cuenta, una vez más, que ha tardado algo más de unos segundos, pero ha llegado la siguiente ola.

 

Instrucciones (I)


Una luciérnaga, dos cucharadas de azúcar y tu último sueño, para alejar la oscuridad. Siete mariquitas para la buena suerte. Una cáscara de limón, la cresta de una ola y chocolate, para no echarte de menos.