Cabo de Palos


Cabo de Palos

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Cabo de PalosAhora, mientras el tren para en Cieza, su compañero de asiento lee el periódico, Katy Perry canta In another life i will be your girl y las nubes, blancas y rosas, amenazan con salirse de la bolsa, ella mira por la ventana y piensa en los pastelitos de carne, la pizza de Delia, el zarangollo, los michirones, las marineras y los paparajotes; copón, que hambre. Su compañero de asiento intenta entablar una conversación, por tercera vez, y ella lo ve mover los labios, como si fuera una película de cine mudo. Unos kilómetros más allá, o puede que más acá, un miniyo intenta salir de la tripa del tipo Ful y agarrar el tupper con los restos del arroz de ayer. Ella ha soñado con pecios, capitanes italianos, que abandonan sus barcos con la caja fuerte bajo el brazo, y con fantasmas blancos, que demonios; muchos kilómetros más al norte, las ranas comienzan a aparecer en las piscinas, la nieve desaparece de los jardines, hoy ha salido el sol, y una chica hace yoga. El Sábado Santo el tren solo para en Albacete y hay un descapotable negro, con una rubia esposada al volante, que la espera en la puerta de la estación. Dicen que estas muerta, dice Loquillo desde el anden de Calasparra, sí, nena, la ciudad es tan grande, pero tu amor tan pequeño… El pecio del Sirio se convierte, poco a poco, en arrecife, una morena enseña los dientes a la cámara, en un intento de sonrisa, y el farero de Cabo de Palos guiña un ojo al tiempo que apaga y enciende la luz una, dos y tres veces. Tocado, ahora guiña y sonríe, como la morena; y hundido. Hay un queso con sorpresa en la tabla, dice el quesero a un grupo de nueve que observan la lágrima de un vino tinto; huele a madera y a clavo; que tendrá la Zarzamora, que tendrá, un conejo de ocho kilos, ¿o tal vez llore por ese chico calvo que canta? La gominola es por si alguno de los quesos no te gusta; el tipo Ful piensa que por que no harán catas de jamón ibérico, copón, y come almendras y el queso rojo con aroma a pesto parece que lo mira, no le quita ojo, desde el plato de esa chica tan alta con la que juega los viernes, justo en el anden de Hellin. Alguien golpea en la puerta del químico al grito de Sheldon, y a Sheldon se le corta el chorro, copón, estos baños deberían tener una luz, ¿verdad? Un café al pasar por Albacete. La invasión intergalactica arcade de los años 80 en Japón,  www.drewdog.com, Tokyo, es una cerveza oscura, de capa negra, capa de Batman, aroma intenso, espuma marrón y que sabe a café, regaliz, coñac y sangre; ¿sabes contar?, pues no cuentes conmigo; la Orval, en cambio, es ámbar y sabe a estalactita. El desfile del Orgullo pan8 ha salido sin ellos este año, lo ven en la televisión, mucho más tarde, con arena de playa entre los dedos de los pies, tras imaginar homínidos en las cuevas porosas junto al paseo marítimo; esa piedra es del castillo, o de la muralla, que más da si va para la fabrica; el sol desaparece, justo después de Albacete, como entonces, y ella come bichos sin azúcar de la fabrica de Fully Wonka. Devoramos como si no nos esperase un mañana, escribe Carver, y ella, al leerlo, piensa que seguro que era murciano 🙂

(Para los reyes…)

Huellas


Hay un momento, cuando caminas por la playa, junto a la orilla, justo ahí donde tus pisadas se marcan en la arena durante unos segundos, hasta que llega la siguiente ola, en el que te das cuenta de que ya has pasado por allí; es otra playa, otro verano, pero es como si fuera la misma arena, y las mismas huellas.

Coincide con el instante en el que puedes volver a escuchar esa canción. Después de tanto tiempo de pasar a la siguiente, con rapidez, cuando suena en el iPod, o de salir a fumar cuando la ponen en un bar; la escuchas y nada, no ocurre nada fuera de lo normal; la cantas, incluso; sonríes, y piensas en la primera vez que la escuchaste, en por qué te gusta, a quién te recuerda, y resulta que la primera vez no fue en aquella playa del sur, fue mucho antes.

Y te das cuenta, una vez más, que ha tardado algo más de unos segundos, pero ha llegado la siguiente ola.

 

Instrucciones (III)


Un rayo de luna, para las noches tristes, y una hebra de azafrán para que las dé color. Una estrella de mar y tu canción, con cardamomo y vainilla, para cuando no estás. Un atardecer en el parque, junto al estanque, para cuando te sientes solo.

Instrucciones (II)


Cinco gotas de baba de sapo y el ala de un murciélago; un toque mágico. Dos puñados de arena de playa, y tres cucharadas de curry rojo, para que cada día sea impar.